Los productos químicos de la ropa pueden provocar malformaciones en los fetos…
Si durante un embarazo una mujer tiene que extremar las precauciones con la
Alimentación, los medicamentos y otros aspectos que pueden afectar al feto, también tiene que hacerlo con la ropa que se pone.
Al menos así lo aseguró Óscar Millares, miembro del Departamento de Formación del Instituto Tecnológico Textil (Aitex), que alertó de la existencia de productos químicos tóxicos «en la ropa de uso diario, las sábanas en la cama, las toallas o las cortinas». Este experto participó en el curso 'La ética de los negocios: la comunicación de las buenas prácticas', y recordó que «el contacto cotidiano con los productos tóxicos de los textiles pueden provocar desde una simple irritación cutánea hasta la posibilidad de interactuar con genes y producir malformaciones en futuros bebés». Por ello, es conveniente y necesario conocer la composición de los textiles, y «este proceso empieza con la prohibición de productos químicos tóxicos en la industria textil con lo que se protege al consumidor de posibles daños».
Atentos
Y entre los productos con los que hay que 'activar' las alertas, Oscar Millares destacó el formaldehído, los metales pesados, los estalatos, un Ph elevado o la presencia de pesticidas, por ejemplo en los algodones procedentes de las plantaciones. Y todos ellos, «tienen una toxicidad que actúan directamente sobre el usuario».
En algunos procesos textiles, por ejemplo, en las estampaciones o en las pinturas que decoran las prendas, se realizan una alta aportación de productos químicos y «si no se utilizan los adecuados pueden desprender elementos tóxicos».
Sin darnos cuenta convivimos diariamente con más de 100.000 sustancias químicas, muchas de las cuáles son nocivas para nuestro entorno y nuestra salud, de hecho, el aumento de enfermedades como el asma, el cáncer o las alergias es achacado por científicos a la exposición a este “coctkail químico”. Muchas de esas sustancias están presentes en nuestra segunda piel, la ropa.
El sector textil utiliza tóxicos, la mayoría de las veces de forma innecesaria, quizás porque no encuentran sustitutos a los mismo o quizás porque les conviene económicamente. Muchos de ellos no pueden ser degradados de forma natural, persisten en el medio y se van a acumulando en los tejidos. Dichas sustancias es conveniente eliminarlas tanto durante los procesos textiles industriales como en los productos finales que llegan al mercado en forma de chaquetas, faldas o pantalones.
Cuando vamos a comprar una camiseta nos fijamos únicamente en que nos guste y en el precio, pero sin darnos cuenta compramos también sustancias como ‘plomo’, muy utilizado en tintes y pigmentos, ‘níquel’ que se utiliza en procesos de tintado, ‘cromo VI’, usado en pigmentos, en productos de caucho o en el curtido de piel (muy tóxico y un conocido cancerígeno humano), y también, arilaminas, formaldehídos, alquifenoles… Todo ello ha influido en que en nuestra sangre haya más de 300 sustancias químicas que nuestros abuelos no tenían.
Ante este problema, la UE decidió en 1998 poner en marcha una legislación, denominada REACH, con dos objetivos principales: obligar a la industria química a informar sobre las sustancias que ponen en el mercado y prohibir el uso de las sustancias más peligrosas cuando existan alternativas. A finales de 2005, el Parlamento Europeo votó a favor de eliminar progresivamente las sustancias más peligrosas, pero poco después, los Gobiernos europeos introducían un vacío legal que ha dejado la puerta abierta a la autorización del uso de estos tóxicos. Los propios Gobiernos reconocen que no se pueden establecer límites seguros para el uso de estas sustancias. Por lo tanto, las leyes no obligan a la industria química a ser transparente o a eliminar las sustancias más peligrosas para la salud y el medio ambiente.
No es cuestión de llevar prendas realizadas 100 por cien de seda o lino o de ir desnudos, si no de que los fabricantes controlen más los tratamientos que sufren los tejidos. El problema es también la falta de información existente en este terreno.
En 2006, varios diseñadores aceptaron el reto de diseñar prendas sin tóxicos y realizaron un desfile en pro de esta causa. Con la ayuda de Inditex, analizaron y estudiaron tejidos para sustituir a los realizados con níquel, plomo o alguna de las sustancias citadas anteriormente, demostrando que sustituir sustancias peligrosas es totalmente viable. Dicha sustitución es la forma de asegurar la protección de las personas y del medio ambiente frente a la contaminación química proveniente de la industria textil.
La ley debería obligar a la industria química a dar información y prohibir el uso de sustancias peligrosas si hay alternativas más seguras en el mercado. El consumidor no puede tener la responsabilidad de buscar cuáles son los productos que contienen tóxicos peligrosos y cuáles están libres de ellos. La ley tiene que cuidar que éstos simplemente no existan.
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